miércoles, 17 de septiembre de 2014



Ciudad y contaminación
Las Ciudades modernas y la contaminación
Cuando en los siglos XVIII y XIX, las fábricas comenzaron a controlar las fuentes de energía que impulsaban sus maquinarias y equipos, optaron por establecerse en las zonas más pobladas y mejor comunicadas; estas zonas eran las antiguas ciudades artesanales y comerciales, sedes del poder económico y financiero.
La instalación e integración de las nuevas industrias al antiguo sistema urbano dio origen a la moderna ciudad industrial, característica de los siglos XIX y XX, donde el posterior desarrollo delas comunicaciones (tren, telégrafo, automóvil, teléfono, avión, etc.) facilito no solo los intercambios comerciales y la especialización económica, sino también la movilidad de la población así como el crecimiento urbano. Nació así la ciudad moderna, caracterizada por su mayor extensión arquitectónica, con grandes edificios de mayor altura, comunicada con su periferia a través de nuevos medios de transporte y una gran concentración de habitantes, que aumentaba su número día a día.
En los primeros tiempos la ciudad industrializada, tuvo un desarrollo caótico donde surgieron múltiples y extensos barrios de trabajadores, que vivían en condiciones insalubres, mientras que en el centro y en zonas privilegiadas, vivían los sectores más favorecidos y en donde la actividad fabril y económica tenía preeminencia por sobre cualquier cosa. Con el tiempo, las ciudades industrializadas de Europa y EUA fueron reconstruidas y planificadas a fin de controlar su crecimiento y los problemas inherentes a grandes poblaciones y a poderosas industrias en ellas establecidas. Las ciudades modernas de grandes proporciones, típicas del Mundo desarrollado Occidental, fueron así modificadas para que siguiendo los principios de la nueva ciencia del urbanismo, las poblaciones urbanas pudieran gozar de un alto nivel de vida .Este alto nivel de vida, implicaba el poder disfrutar de los servicios indispensables, mantener el equilibrio de los recursos disponibles, crear y conservar abundantes áreas verdes, disponer racional e higiénicamente de los desechos y desperdicios domésticos e industriales, asegurar el suministro de agua potable, facilitar el abastecimiento de alimentos y materias primas, etc .Sin embargo, el mismo esquema no se repitió en las ciudades de los países escasamente industrializados. En estos, las industrias establecidas provocaron la aparición de zonas en las orillas de las ciudades, donde surgieron extensos asentamientos para los nuevos obreros. Estos nuevos barrios se organizaron y fundaron sin seguir planes ni una organización racional; nacieron sin servicios indispensables y así funcionaron por muchas décadas. Las viviendas ya establecidas de la ciudad se dividieron y se volvieron a dividir ante el aumento de habitaciones y el sostenido aumento de nuevos pobladores.

El caso de la ciudad de México
Luego de diez años de guerra civil, a partir de 1920 en un prolongado intento conjunto de gobiernos y empresarios, se comenzó a reactivar la economía nacional a partir de tratar de iniciar un acelerado proceso de industrialización y de reestructurar las principales ciudades del país, entre ellas, la ciudad de México. A la par de comenzar a fundar zonas industriales en el Distrito Federal (una de las primera fue la zona industrial de Vallejo en 1929, en donde se destinaron cinco millones de metros cuadrados para la construcción de fábricas, talleres y oficinas), se procedió a dotar de servicios a múltiples zonas urbanas y a construir grandes avenidas y nuevos conjuntos habitacionales.
De tal forma, la ciudad de México cedió sus antiguos aires de grandeza para busca el avance material y el progreso económico, perdiendo así su antigua fisonomía y copiando modelos extranjeros de EUA y de Europa, para así estar inmersos en el Mundo Occidental Moderno. Con estos cambios y con el proceso de industrialización que lentamente se comenzó a dar en el área del DF y de la ciudad de México, la ciudad y su población creció en forma espectacular; de un millón de habitantes que había en 1930, se pasó a diez millones de habitantes en 1940.Este crecimiento continuo entre 1940 y 1950, se dio a costa de  que el Distrito Federal perdiera casi todas sus zonas rurales, que existían alrededor de la ciudad de México, y en la que estaban decenas de ejidos orientados al cultivo de cereales, hortalizas y huertas de árboles frutales, así como a la explotación de ganado vacuno y ovino para la producción de carne, leche y lana .Los terrenos de estos ejidos del DF y de la zona circundante del estado de México, fueron expropiados por sucesivos decretos presidenciales para ser utilizados en la construcción de fábricas, ferrocarriles, vías rápidas, almacenes, etc., que se desarrollaron rápidamente alrededor dela creciente ciudad de México. Ante esta situación, el presidente del país en 1947 declaró que
“el esfuerzo de la industrialización necesita el apoyo de todo el pueblo; pero para recoger los frutos que deseamos, es indispensable hacer sacrificios”;
 para 1952, este acelerado proceso de industrialización ya había establecido más de 160 industrias en todo el territorio nacional. En la ciudad de México, para fines de la década de 1950, se creció en forma acelerada junto con la industria establecida en ella; la actividad industrial trajo consigo el aumento indiscriminado de la población, que ante la carencia de viviendas y una pobreza extrema, se dedicó a invadir predios vacíos para levantar casuchas o jacales con materiales de desperdicio, apareciendo así en la capital, los primeros “paracaidistas”. Durante los años de 1960 y 1970, continuaron las grandes obras de infraestructura en la ciudad de México (vías rápidas, sistemas de comunicación, grandes conjuntos habitacionales, obras para la dotación de servicios públicos), por lo que la ciudad continuo creciendo sin una verdadera planeación urbana, pues el crecimiento se hacia en forma irregular, con el establecimiento de colonias y asentamientos que se iban agregando a la ciudad ya construida. A partir de los años setenta del siglo XX, los problemas de tráfico urbano aumentaron a grados no conocidos a causa del enorme crecimiento demográfico y de la falta de planeación urbana, convirtiéndose en un gran y permanente problema de la capital. Además, el problema del insuficiente drenaje y desagüe de las aguas negras que la creciente población capitalina generaba, provocaba no solo insalubridad y enfermedades gastrointestinales ,sino que las aguas negras crecían en épocas de lluvia y anegaban grandes sectores de la ciudad de México, amenazando con una inundación masiva en cualquier momento. Para remediar estos problemas, los gobernantes de la ciudad de México realizaron nuevas y grandes obras públicas (ejes viales y obras de drenaje profundo) que si bien solucionaron por un tiempo los problemas, paralizaron las actividades de la capital por casi un año.
Junto con esto, las industrias establecidas en la capital no solo atraían a miles de inmigrantes con la promesa de empleos y de una vida mejor, sino también generaban una gran contaminación en el entorno citadino, pues los desechos de su producción, se arrojaban sin control en los drenajes de la ciudad, y en los ríos cercanos a la ciudad de México, convirtiéndolos en sucios albañales, sin control o sanciones de parte de los sucesivos gobiernos locales y federales; además la mayoría delas industrias también arrojaban sus desechos a los basureros a cielo abierto que rodeaban a la ciudad y sus zonas urbanas. Aunado a esto, para fines del siglo XX, el humo de millones de automóviles obscurecía el cielo dela capital mientras que los bosques de las escasas zonas rurales del DF desaparecían año con año, al talarse los árboles en forma clandestina, al invadir fraccionadores privados esos terrenos, para construir casas, comercios e industrias en forma ilegal o simplemente los vecinos arrojaban allí la basura doméstica e industrial, formándose así, extensos y enormes tiraderos clandestinos a cielo abierto. Dicha situación es todavía el presente en las ciudades mexicanas de las primeras décadas del siglo XXI.

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